POEMAS DE MOLÍNEA 26

 A MI ABUELO Y SUS HISTORIAS

 ¿Dónde están ahora tus manos 

laboriosas que labraron la tierra?

¿Dónde está tu arrugada frente 

que sostenía el sol cada tarde?

Ahí está la higuera,

que tu la plantaste, 

en el centro del huerto;

 la reina de tus árboles, 

la sombra de tus siestas estivales.

¡Cómo cae la arena del tiempo

 y arrasa con todos los arenales, 

con todos los desiertos!

Abuelo, siento miedo,

 miedo de esta marea 

que que es insaciable,  

Recuerdo cuando  hablabas de la guerra;

Yo no podía entenderte, 

 para mí no había más que vida

no podía entender la muerte,

no podía concebir el odio

ni las torturas de la guerra.

Ahora ya no puedo escuchar tus historias

 ni sabré contarlas.

Sí, murieron poetas en las guerras

y muchos inocentes.

Ahora que he crecido

puedo sentir que el mundo

no es lo seguro que yo creía.

 me duele, abuelo, 

no haberme sentado en la silla de enea 

y haber escuchado tus historias 

cuando quedaste ciego, 

en la soledad, 

de aquella habitación

calentada por un brasero de carbón.

Ahora ya no sé dónde están tus manos

ni tu voz, ni tus palabras
y las guerras siguen matando

hombres, niños, mujeres, poetas…

y yo no sé qué puedo hacer

para parar esas máquinas de matar.

6- HAN TALADO

Han sido cortados los últimos álamos.

El sendero es polvo y piedras, 

lagartijas y mucho sol tendido en el camino.

El sendero ahora parece interminable.

El atardecer se pierde a lo lejos 

y quisiera salir a buscarte 

pero han talado todos los árboles 

y no queda más que desierto. 

Ni una gota de agua, 

ni  hoja verde que retenga el rocío. 

Es fácil disparar; cubrirán tus ojos

 para no ver tu hermosa mirada.

Es fácil manejar un revolver. 

Un túnel quedará abierto en tu cuerpo 

 y serán las rosas las que sangren,  

serán sus espinas las que sangren.

Tu cuerpo permanecerá frío.

Todas las cañadas cerradas con la niebla 

y todas las direcciones perdiendo su brújula.

Ahora todo es un erial sin  posibles destinos,

un cielo de resplandores que hieren,

 y la luna… ¿dónde te has ido luna? 

No hay una sola flor

 que llore tu muerte;

se han desangrado ya todas las rosas.

Quiero salir a buscarte, 

pero es tan inmenso este arenal.

Han talado tu juventud

 y nadie quiere oír el llanto de la lluvia.

La ciudad ha levantado sus muros 

y no nos dejan ir a ese desierto sin agua. 

¿Cuando llegará la noche para saltar? 

¿Cuándo se enfriará la lava encendida

para  correr por esa estela azul de luna 

y tomarte la mano y  devolverte la vida?

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Acerca de irel Faustina Bermejo

MIEMBRO FUNDADOR DE LA REVISTA LITERARIA MOLÍNEA Y DE TEATRO NUEVA ERA DE MURCIA. SOCIA DE ARTISTAS INDEPENDIENTES Y DE ARTV
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